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Te extraño

Te extraño

Extraño verte por los pasillos en el día a día, como podía saber cuando sentías mi mirada y cuando no y extraño cuando la contestabas, cuando con una sola mirada me invitabas al placer, como convertías a conveniencia lo cotidiano en extraordinario y lo difícil en fácil.

Extraño saludarte todos los días, abrazarte aunque fueran sólo unos segundos, sentir tu aroma, disfrutar tu sonrisa, extraño ofrecerte un té y terminar haciéndolo mal, extraño tus besos en cualquier elevador que quisiera ser testigo y extraño agarrarte las nalgas a cada oportunidad que tenía.

Extraño mucho comer contigo y contarte un poquito de mi vida, extraño escucharte, no tener tu voz me duele, extraño tus “¿y luego?” y extraño inventarme cualquier cosa para contestar, extraño abrir la puerta esperando que seas tú y salirte a despedir cuando te vas.

Extraño tomarte de la mano, acariciar tu cabello, extraño los nervios de estar cada vez más cerca y poder sentir tu calor y también extraño tu cuerpo y lo asombroso que se ve con ese jersey de Olimpia y nada más que yo puesto.

Extraño verte aún más hermosa que de costumbre, y extraño saber que te veías así para mi, extraño verte en el sofá, recostada, siendo tú la que me daba terapia a mi, extraño al Luis que cantaba para ti todas las mañanas, aunque nunca lo escuchaste.

Extraño abrazarte en lugares y situaciones que no debería y besarte en todo lo que eres tú, extraño tus llamadas telefónicas y pasar horas hablando de nada, extraño contarte los chismes de novedad y regalarte una flor nomás por que si, extraño las sorpresas que me deparaba estar contigo, la aventura, la pasión, la intensidad.

Hace casi un año que no estamos juntos, nuestra relación ha mutado y se ha transformado en una rara y disminuida amistad, y ahora es que me doy cuenta que no es que sea difícil hacerte feliz, es que no querías ser feliz… conmigo.

Te extraño un chingo… todavía.

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